Novela "Entre el amor y la muerte" de Jonathan Aguirre (Capítulo 2)

 


“Entre dos mundos”

Transcurrido un tiempo, calculo unas cuatro horas noté que un bulto entre la niebla se acercaba hacia mi lentamente, no sé por qué, pero no sentí miedo ni necesidad de correr, sino que lo esperé.  Su aspecto era el de un anciano barbudo con ropas blancas cuyo rostro resplandecía y se veía lleno de vigor.

Me miró, lo miré y se sentó a la par mía y preguntó con tono un poco ronco:

- Bonito valle, ¿verdad? -

Lo miré fijamente y le respondí:

- ¡Este es un desierto! -

- No muchacho - me dijo él cómo quien me conocía; esto me asombró un poco, pero pensé que ese anciano podría contestarme muchas interrogantes que tenía; pero antes de que yo formulase pregunta alguna, el viejo se me adelantó y me preguntó:

- ¿Por qué estás aquí? -

Con tono de burla le dije: Salí del huevo donde estaba encerrado.

Noté que no le causó gracia como a mí y me hizo otra pregunta parecida a la primera:

- ¿Quién eras tú antes de que te pasara todo esto? -

-Nada más recuerdo que era un poeta enamorado – dije.

- ¿Seguro? - preguntó el viejo

Traté de concentrarme y poco a poco comenzaron a venir tristes recuerdos a mi conciencia que opacaron mi pasado con sentimientos amargos y emociones encontradas, así que, con voz temblorosa le dije:

- Yo era un joven poeta enamorado que inmerecidamente perdió a su amada y agobiado por la tristeza me abandoné a la sociedad, decidí dejarlo todo y perderme en la momentánea paz que da el alcohol y la falsa tranquilidad que deja el desahogarse en versos y estrofas de un papel mojado con lágrimas o sudor -

Comencé a notar que mis dientes crujían y que lágrimas de un tono oscuro comenzaban a salir de mis opacos ojos. Miré al viejo y este colocó su brazo sobre mi hombro, me acercó hacia él y me dijo:

- ¿Quieres saber porque estás aquí? -

- Quiero – respondí.

El anciano inhaló mucho aire como quien se preparara para dar un largo discurso. Exhaló suavemente y me dijo:

- Estás aquí porque dejaste que la tristeza robara tu corazón, tu cuerpo y tus sentimientos. Ahora, la soledad y la muerte tratarán de destruir tu vida, tu alma. Estás en el valle de soledad que tú mismo has creado, en las sombras de la muerte; por eso, todo lo que vez aquí te trae malos recuerdos y es hostil a tu vista. -

Levanté la cabeza y la giré suavemente para apreciar el entorno que nos rodeaba, y cuando volví mi cabeza a su posición inicial, me di cuenta que el viejo ya no estaba, literalmente había desaparecido.  No me extrañé mucho, ya que estaban pasando muchas cosas raras hasta el momento y pensé que había visto en visión a aquel viejo.

Volví a dormir …

Cuando desperté estaba en medio de un jardín; aves surcaban el cielo por todas partes, había olores saciantes, flores de todos colores y fuentes de agua cristalina que hacían de aquel lugar un paraíso soñado e inimaginable, el ambiente era deleitable a la vista;

Esto si me sorprendió más que la visión que tuve del viejo.

Me preguntaba cómo había llegado hasta ese lugar, si según yo me había quedado dormido sobre una roca. Me incorporé y me elevé encima de los árboles; todo era maravilloso, podía apreciar bellos paisajes en todo lugar donde fijaba mis ojos, además de las flores, había arboles de toda especie; era un Edén.

Sobrevolé un buen rato en busca de algún alma, cuando estaba en el aire fijé mi atención en las aves que surcaban el cielo y me di cuenta que todas eran negras y la mayoría de rapiña. Mientras volaba me preguntaba el porqué de estas aves en un lugar tan deleitable y bonito. Por más que volé, todo intento de búsqueda de algún alma fue en vano. Decidí bajar junto a un arroyuelo y reposé junto a él no sé por cuanto tiempo, ya que nunca oscurecía. Pasado otro rato sentí que alguien se acercaba a mis espaldas; no sentí miedo. Cuando volteé vi un cuerpo escondido detrás de una sotana negra con capucha, cuya barba calculo le llegaba hasta el ombligo, ¡si es que aquello era humano!

Lo esperé sin ningún temor. Cuando estuvo a la par mía me dijo:

- Lindo jardín, ¿no? -

- ¡Este es un paraíso! - le exclamé.

- Por cierto, ¿Quién es usted? - le pregunté.

 El me miró fijamente a los ojos y me respondió:

-Yo soy el ser más temido en el mundo de los mortales –

- ¿Dios? - le interrumpí.

- ¡No! - dijo él con voz grotesca.

-Yo soy uno que habita en tinieblas y controla a quienes ya no viven; ¡yo soy la muerte! -.

No pude impedir reírme pues no le encontraba sentido a que la muerte viviera en un paraíso, y que esta me visitara a mí; que era un alma sin cuerpo. ¿Qué quería de mí?...

A él no le pareció que yo me riera en su cara. Y me dijo con voz fuerte y tronante:

- ¡Necio!, Yo te entregué a la soledad para que te atormentara antes que yo -

No pude contener más mi lado sarcástico y le cuestioné:

- ¿Viviré eternamente y la muerte me atormentará eternamente? ¿Qué caso tiene? - … Yo no entendía realmente lo que la muerte me quiso decir …

Aquel ser “temible” se bajó la capucha de la cabeza… ¡Calva por cierto!...  Cuando se descubrió la cabeza, mi alma quedó como suspendida en el espacio y repentinamente sentí que caí al vacío… Cuando volví en sí, estaba nuevamente sobre aquella roca donde me había quedado dormido. Entonces, comprendí y quise creer que mi alma soñó su encuentro con la muerte.

Pensaba sobre aquellas dos visiones y su significado, pero no lograba concluir nada; me parecía ilógico que un anciano le llamara bonito a un desolado valle y más que la muerte viviera en un paraíso Edénico.

Mis pensamientos vacilaban dentro de mí, intentando descifrar entre   la   realidad   y   la   ficción   de   todo   lo   que   me   estaba aconteciendo en ese mundo de ilusiones que cambiaba adrede cada vez que dormía.

Me preguntaba si acaso ese era el fin que a todos les llegaría algún día, si estábamos destinados a vivir solos eternamente entre ilusiones o si por casualidades de la vida, en mi camino hacia lo desconocido algo hizo que me desviase a otra dimensión que no era la natural para mí y que ahora me estaba agobiando el pensamiento con preguntas que yo no podía darles respuestas o intentar de algún modo explicármelas.

 Por largo tiempo pensé en esas incógnitas y dije:

- Pensándolo bien no estoy solo; hay dos personajes que me acompañan ilusoriamente en esta “aventura”; la muerte y un viejo loco que parecía conocerme y que miraba bello algo que a mis ojos era desolación -.

Mientras reflexionaba, me percaté de un sutil cambio en el entorno. El aire se volvió más denso y una sensación de inquietud comenzó a crecer dentro de mí. Decidí volar nuevamente, esta vez más alto, tratando de escapar de la creciente opresión. Conforme ascendía, el paisaje a mi alrededor se transformaba; lo que antes parecía un Edén comenzaba a desdibujarse, revelando una tierra árida y desolada. Los colores vibrantes de las flores se desvanecían, y los árboles frondosos se convertían en esqueletos secos.

Sentí una punzada de desesperación, pero me obligué a seguir adelante. En la distancia, vislumbré una estructura imponente. A medida que me acercaba, pude distinguir que era una torre antigua, parcialmente derruida pero aún majestuosa en su decadencia. Decidí investigar, esperando encontrar respuestas o al menos un refugio temporal.

Al aterrizar en las ruinas de la torre, noté que las paredes estaban cubiertas de inscripciones y símbolos que no reconocía. La atmósfera era pesada y el silencio absoluto, interrumpido solo por el eco de mis pasos. Me adentré en la estructura, explorando cada rincón. En lo más profundo de la torre, encontré una sala iluminada por una luz tenue y dorada. En el centro de la sala, había un pedestal de piedra que sostenía un libro antiguo.

Me acerqué cautelosamente y abrí el libro. Sus páginas, aunque desgastadas por el tiempo, estaban llenas de palabras y dibujos que parecían contar una historia. Al leer, descubrí que la torre había sido un lugar de conocimiento y poder, construido por un antiguo sabio para proteger sus secretos. Sentí una conexión inexplicable con los escritos, como si de alguna manera, mi destino estuviera ligado a ese lugar.

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